domingo, 28 de agosto de 2011

Ética y la inteligencia artificial


La Inteligencia Artificial (IA), se ha definido como 
la habilidad que tienen los computadores de hacer 
tareas que hasta ahora hacen mejor los humanos. La 
IA, tiene por objetivo hacer que los computadores 
no sólo puedan procesar información, almacenarla 
y realizar acciones repetitivas, sino que sean capaces 
de entender la información, simular las 
competencias de un experto humano a partir de 
datos a priori cumpliendo tareas inteligentes, 
dejadas sólo para los humanos. 
A través de los tiempos, la IA se ha desarrollado con 
gran empuje, llegando a estar presente en diversos 
ámbitos de la sociedad. Por tal motivo, se generan 
preguntas relacionadas con los impactos del uso de 
la IA, los cuales tienen, entre otras, una connotación 
ética. 
En tal sentido, es importante considerar que en un 
futuro muy cercano la incorporación de la ética en 
los sistemas inteligentes como: Sistemas expertos, 
redes neuronales, sistemas evolutivos, etc., será una 
tendencia activa en el ambiente industrial de países 
con alto desarrollo tecnológico y con una gran 
inversión en investigación y desarrollo. Sin 
embargo, dicha incorporación puede traer altos 
sobrecostos en el diseño y construcción de estos 
sistemas, surgiendo así nuevas inquietudes. 

A partir de una discusión sobre dichas inquietudes, 
la presente ponencia plantea que la ética es una 
necesidad y una urgencia para la IA en los años 
actuales y venideros. 

El origen de la palabra ética son las expresiones 
griegas “ethikós” y “éthos” que significan carácter. 
De hecho, la ética refleja el carácter de los 
individuos y las sociedades a través de sus 
decisiones y comportamientos. En general, la ética 
puede entenderse como un cuerpo de conceptos 
filosóficos, un grupo de principios que involucran 
los comportamientos humanos, el mundo espiritual 
y la vida diaria. Adicionalmente, la ética estudia 
cómo nuestras decisiones afectan a otras personas; 
los derechos, obligaciones y normas morales que los 
individuos aplican en su toma de decisiones y; la 
naturaleza de las relaciones humanas. El objetivo de 
la ética es el mejoramiento de la vida humana, pero 
este objetivo debe tener en cuenta que las personas 
viven en sociedad. Por lo tanto, la ética incluye el
respeto por los demás y el cuidado del medio 
ambiente [2]. 
La ética es una ciencia filosófica que se encarga de 
reflexionar sobre los comportamientos morales del 
ser humano con el objetivo de realizar valoraciones 
genéricas que puedan ser universalizables. En este 
sentido, la ética, como reflexión filosófica, no se 
puede confundir con la moral aunque está 
directamente relacionada con ella, pues se encarga 
de estudiarla con la ayuda de un método científico, 
es decir, la moral es el objeto de estudio de la ética. 
Como ciencia, los orígenes de la ética se remontan a 
la Grecia Clásica, siendo Sócrates, Platón y 
Aristóteles algunos de los representantes más 
conocidos [3]. 
Aquí, es importante tener en cuenta que la ética no 
se encarga de establecer lo que es bueno o malo, 
correcto o incorrecto, sino de reflexionar sobre las 
diferentes morales y de analizar por qué para éstas 
determinados comportamientos son catalogados 
como adecuados y otros como inadecuados. En este 
orden de ideas, la ética no dice cómo actuar sino que 
busca los criterios que justifican actuar de un modo 
o de otro 
Una característica propia de la ética es su tendencia 
a la generalización o universalización de sus 
principios, basada en que a pesar de la diversidad de 
morales existentes a través de la historia y de las 
culturas humanas, existe homogeneidad en cuanto 
todos los seres humanos tenemos una competencia 
moral que nos permite hacer juicios de valor entre lo 
que consideramos bueno o malo. 
En su carácter científico, la ética busca responder a 
preguntas relacionadas con el qué, el cómo, el por 
qué y el para qué de las realidades morales. Es decir, 
la ética parte de una descripción de la realidad moral 
(el qué), pero no se queda ahí, sino que continúa su 
búsqueda científica de respuestas, no sólo hacia el 
deber ser (ética normativa), sino también hacia la 
interpretación del cómo y por qué de las diferentes 
(e incluso opuestas) realidades morales, para llegar a 
un para qué (teleología) y a una generalización de 
los conceptos correspondientes. 
La ética tiene una connotación histórica, pues 
reconoce la diversidad de morales en el tiempo, con 
sus correspondientes valores, principios y normas. 
Dichas morales son el objeto de estudio de la ética, 
pues ésta las estudia, las entiende, las explica y las 
trasciende por medio de conceptos, hipótesis y 
teorías, sin identificarse con una o un grupo de 
morales en particular. Para ello, la ética sostiene una 
relación dinámica y recíproca en donde nutre y se nutre de otras ciencias humanas como la psicología, 
la sociología, la antropología, la historia, la política 
y la economía

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